Sección Colaboraciones Lectores. “El Kempis de la web de lenguas de Susín”

bandera aragón

El pasado 20 de febrero el director general de Política Lingüística de la DGA, José Ignacio López Susín, licenciado en Derecho y de dilatada experiencia político-lingüística, presentó la nueva web sobre lenguas de Aragón.

Pues bien, el resultado no fue del todo el esperado con el nivel científico que se prometía. De hecho, está finamente alineado con cierta terminología más política que histórica. En la versión revisada el 21 de febrero en la página sobre el catalán aparecen varios matices. Se pasa del catalán de Aragón al catalán en Aragón. Una sutil manera de descartar conceptualmente toda variedad, modalidad, o dialecto propio desde un término genérico.

A partir de ahí, el texto muestra una alineación más propia de un “ente elitista del siglo XIX” que de un grupo de lingüistas graduados en Filología, Historia, Geografía, Documentación o másteres en cualquier  campo específico de las Letras, quienes a pesar de demostrar capacidad para el trabajo científico sobreviven en otros mundos.

En el primer párrafo se asegura que  en el  “siglo XIII encontramos documentada la catalanidad lingüística de una parte bastante importante de Aragón”. Seamos serios, no existe una catalanidad lingüística como tampoco españolidad lingüística y menos en el siglo XIII. Si acudimos al Diccionario de la lengua española de la RAE, españolidad quiere decir “cualidad de español” o “carácter genuinamente español”. Si lo traspasamos a catalanidad, imagínense qué significa.

En cuanto a la documentación que se atestigua, mejor hablar de lengua romance más que de lengua catalana pues ni siquiera los paleógrafos pueden asegurar la lengua exacta y es más, algunos legajos aparecen mezclando palabras de aquí y de ahí al no constatarse una gramática, en el caso de la catalana hasta el siglo XX; cosa que en el caso del valenciano ya se tenía desde el siglo XVI gracias a Andreu Sempere.

Posteriormente cita una serie de personalidades, algunos conocidos por la historiografía catalana, pero quienes no aportan sino algo más que anecdótico. Ya sabemos cómo es la historiografía catalana con sus confederaciones y reyes catalano-aragoneses. Lo más curioso para un texto realizado por una entidad oficial liderada por las elites es la deformación del Kempis, un término popular para denominar la obra “Imitación de Cristo” del religioso Tomás Kempis.

El texto, además, desarrolla una serie de conclusiones literalmente sacadas de conclusiones particulares pues la documentación de lo que llaman catalán se ha encontrado hasta en misales de Panticosa o Pandicosa, zona que para algunos eruditos es de predominio aragonés. Es decir, que si todo se entiende como catalán, hasta en Navarra se podría decir que ahí se habla.

La historia o histeria de la lengua catalana en Aragón sigue desarrollándose hasta los últimos años declarando que “hubo que esperar hasta el curso 1984-1985 para que se iniciara esta enseñanza en doce ayuntamientos de la Franja”. ¿Qué Franja? Curiosamente, en posterioridad se dice “localidades de la Franja más cercanas a Cataluña”. Y siguen citando el término en mayúscula intentando hacer científico un término dudoso y de marcada tendencia política. No nos engañemos, la Franja con mayúscula es un trozo de tierra en disputa como la de Gaza entre palestinos e israelíes. ¿Por qué no hablamos de la franja oriental o franja norte? Porque aquí se alude a la Franja de Ponent, el territorio según Cataluña.

Sin más, al final y como llamado por un complejo, se intenta justificar el catalán en Aragón. Quizá esto sea el cuento de nunca acabar. Lo que importa es que, en palabras de otro sociolingüista, antes de la llegada del desbarajuste de la política lingüística se hablaba más catalán que en Cataluña, claro para él, porque para los hablantes era chapurreau, patués, fragatino…

Fuera de las discusiones filológicas, que las hay muchas, como pasa con el portugués y el gallego, el eonaviego y el gallego, el valenciano y el catalán, el provenzal y el occitano… se ha perdido otra vez una oportunidad para reconocer con el término a los hablantes, quienes estarán encorsetados siempre por lo que hagan nuestros vecinos y amigos catalanes sin poder tener la suficiente independencia para conservar totalmente y desarrollar su lengua, la de sus padres y abuelos, la de todos nosotros.

Lástima que no aprobaran el aragonés oriental. Ahora a temblar porque el que siembra vientos recoge tempestades.

Pedro Tomasos

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